La invasión Napoleónica a España en 1808
Napoleón concertó con España el Tratado de Fontainebleau, por el que ambas atacarían a Portugal, dando los reyes de España el permiso para que las tropas francesas pudiesen pasar por su territorio, Napoleón aprovechó la ocasión e invadió varias ciudades españolas, para el año de 1808 la invasión napoleónica en España se había consumado. Napoleón nombró a su cuñado Marat encargado de las operaciones de España y Portugal y se dirigió a Madrid con su ejército. Los reyes españoles querían dejar Madrid y dirigirse a América, pero los españoles no lo permitieron manifestándose en contra de Godoy que había aconsejado su salida de España y en favor del príncipe Fernando, quien logró en Aranjuez el 19 de marzo de 1808 que su padre Carlos IV abdicara en su favor.
Al volver a Madrid, Carlos IV quiso anular su renuncia, asmiendo que le había sido arrancada con violencia y recurrió a Napoleón en busca de apoyo. Fernando VII también lo solicitó, y Napoleón los reunió en Bayona en donde se firmó el Tratado de Bayona, en el cual Fernando VII renunció en favor de su padre Carlos IV y éste abdicó en favor de Napoleón, quien nombró rey de España a su José Bonaparte.
Al conocer la noticia el pueblo español se sublevó, siendo aplacado a sangre y fuego, lo que hizo que aparecieran en España numerosas juntas políticas a fin de gobernarlo en ausencia del rey y emprender la lucha contra Napoleón y los franceses. Las repercusiones de estos hechos fueron determinantes para el inicio de la guerra de Independencia de México, pues el ayuntamiento de la ciudad de México, controlado por los criollos, declaró que en ausencia del monarca legítimo la soberanía recaía en el pueblo. Mientras que sucedía la crisis, el virrey debía gobernar sin ninguna dependencia. Pero la audiencia controlada por los españoles rechazó el proyecto, que consistía prácticamente en declarar la independencia, fracasando el primer intento para independizar a la Nueva España, encabezado por el virrey José Iturrigaray.
Por otra parte, las operaciones bélicas seguían su curso mientras la población intentaba organizarse. El ejército napoleónico, hasta el momento prácticamente invicto en Europa, sufrió una dura derrota en la famosa batalla de Bailén en 1808 y no controlaba apenas el territorio de la península Ibérica. Sin embargo, Napoleón, al darse cuenta de los niveles de caos que empezaba a llegar la situación en el nuevo reino Jose I, decidió acudir personalmente con un mayor número de tropas. Su estrategia fue todo un éxito y a partir de 1809 los franceses comenzaron a ganar, hasta el punto de que Cádiz, donde se encontraba reunida la Junta Suprema Central, fue la única ciudad que le quedó por conseguir.
La gloria Napoleónica era momentánea ya que después tras varias derrotas importantes como la de Arapiles y viendo cómo perdía cada vez más terreno en Europa, Napoleón firmó en 1813 el tratado de Valençay, que recibió el nombre del castillo donde Fernando VII había permanecido retenido durante la guerra junto con su hermano y su tío. En este tratado, se devolvía la corona a Fernando VII y Napoleón se comprometía a irse con todas las tropas que le quedaban en territorio español. Fernando VII volvió a España como rey, y así fue la derrotado Napoleón Bonaparte.
La gloria Napoleónica era momentánea ya que después tras varias derrotas importantes como la de Arapiles y viendo cómo perdía cada vez más terreno en Europa, Napoleón firmó en 1813 el tratado de Valençay, que recibió el nombre del castillo donde Fernando VII había permanecido retenido durante la guerra junto con su hermano y su tío. En este tratado, se devolvía la corona a Fernando VII y Napoleón se comprometía a irse con todas las tropas que le quedaban en territorio español. Fernando VII volvió a España como rey, y así fue la derrotado Napoleón Bonaparte.




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